Pioneros Americanos II

Pioneros-Americanos

La mayoría de variedades modernas de sinsemilla europeas y americanas son una mezcla de variedades sativas cruzadas con este otro tipo de planta proveniente del centro de Asia y Oriente Medio. El nombre de índica, aparte de indicar de manera bastante clara su área de procedencia, proviene de su nombre botánico Cannabis Índica. Las variedades índicas se caracterizan por su menor estatura, mayor espesor y anchas hojas de color verde oscuro. Suelen madurar bastante pronto, entre finales de agosto y principios de septiembre. Estas características las hacían, por lo tanto, idóneas para los intereses de los cultivadores estadounidenses al reducir considerablemente el riesgo de ser vistas por ajenos. Además resultó que las índicas producían cantidades de flores y resina muy superiores que las sativas. Los más avispados lo vieron claro: el futuro parecía provenir de los agrestes paisajes de Afganistán y Pakistán, y allí se fueron, en busca de las mejores semillas índicas para, después, introducirlas en USA. Afgani No1, Mazar-i-Sharif e Hindu Kush fueron algunas de las primeras importaciones que en un primer momento causaron furor entre los cultivadores, aunque no tanto entre los fumadores americanos, que las consideraban unas simples productoras de hachís en grandes cantidades. Como tosca, primitiva o poco refinada era comúnmente denominada la índica por los refinados y poco acostumbrados paladares americanos. Sin embargo el negocio que se abría con esta nueva variedad era enorme, así que a principios de la década de los 80, la proliferación de Cannabis Índica se propagó como la pólvora por todo Estados Unidos. Muy pronto empezaron a cruzarse variedades índicas con sativas autóctonas, produciendo variedades híbridas con la intención de sacar lo mejor de ambas familias. El uso se extendió de tal manera que puede afirmarse que ya a mediados de los 80, la inmensa mayoría de producción comercial de sinsemilla de Norteamérica era susceptible de haber recibido material genético de alguna variedad índica.La mayoría de híbridos índico-sativos crecían vigorosamente, maduraban antes, arraigaban bien, eran potentes y de más fácil manejo. Skunk No1 (sativa colombiana/índica afgana x Acapulco Gold Mexican sativa) es un buen ejemplo de la hibridación predominantemente sativa. Northern Lights (índica afgana/sativa tailandesa) es, en cambio, uno de los paradigmas de híbridos mayoritariamente índicos.

Sin embargo este panorama tan aparentemente halagüeño escondía un efecto secundario imprevisto: debido a que el cannabis tradicional es polinizado por el viento mientras que el sinsemilla es cultivado normalmente en jardines cerrados, la polinización accidental a menudo resulta en nuevas semillas. Estas nuevas semillas accidentales, con variadas proporciones de genética índica, fueron cultivadas y cruzadas una y otra vez, produciendo una condición híbrida tan compleja que rara vez podían reproducirse entre ellas. Sin una cuidadosa selección, la marihuana producía demasiadas semillas y, al tiempo que la selección natural avanzaba, las variedades perdían su vigor, sabor y potencia.

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A pesar de todo esto, las características favorables del cultivo de la índica permitieron que se plantara en exterior por toda la franja norte de EEUU y la sur de Canadá, lo que revolucionó el mercado de la marihuana norteamericano al permitir acceder a su cultivo a nuevos aficionados. La introducción de la índica tuvo también otro factor, más relacionado con la picaresca que con las técnicas de cultivo: el color púrpura en los cogollos maduros de muchas sativas era signo de calidad y potencia (como el ya mencionado Purple Haze). Muchos cultivadores descubrieron que las variedades índicas a menudo se volvían de color púrpura si dejaban que se helaran. Así que algunos (por no decir muchos) cultivadores pasaron gato por liebre a muchos compradores poco entendidos. Evidentemente esta técnica no producía marihuana más potente sino todo lo contrario: parece ser que la congelación destruía gran cantidad de THC. Todo esto provocó que en Estados Unidos el prestigio de las variedades índicas cayera por los suelos. A partir de los 90, se empezó a germinar una corriente de opinión que pretendía recuperar las antiguas genéticas sativas. La masiva introducción de índicas en los cultivos americanos se veía ahora (desde mediados de los 90 hasta hoy) como una trágica invasión que había provocado una merma de calidad de la marihuana americana (tal y como afirma Jason King en su libro Cannabible). Hasta qué punto este nuevo enfoque purista es exagerado o no, es una cuestión difícil de determinar, pero lo que está claro es que al consumidor americano nunca le ha fascinado ni el sabor ni los efectos (evidentemente más narcóticos) de la cannabis sativa. Recientemente, los cultivadores americanos han vuelto a sus raíces volviendo a las sativas puras, consiguiendo híbridos con mayor sabor y potencia.
En su búsqueda de alternativas a las genéticas índicas, los cultivadores norteamericanos se lanzaron a experimentar con una extraña clase de sativa centroeuropea llamada ruderalis. Esta variedad empieza a madurar en julio o principios de agosto pero carece casi por completo de THC y tiene, por el contrario, un alto nivel de CBD, lo que la convierte en prácticamente un somnifero natural. Requiere, por tanto, de posteriores selecciones e    hibridaciones para dotarla de cierto nivel de psicoactividad. Si a esto le sumamos el hecho de que las flores de la ruderalis nunca llegan a madurar del todo, podemos entender porqué tampoco fue apreciada en el país de las barras y estrellas.Las variedades sativa sudafricanas puras se han ganado, de un tiempo a esta parte, el favor de los cultivadores americanos porque, al igual que las índicas, maduran antes. Estas variedades maduran en agosto, son bastante potentes, son relativamente bajas y arraigan hondo, aunque no tanto como las sativas clásicas americanas. Son por tanto perfectas paralosinteresesdeloscultivadoresyanquis, porlo menos por ahora, dando lugar a hibridaciones (tanto con otras sativas puras como con algunas, pocas, índicas puras que han conseguido, por méritos propios, mantener el prestigio que atesoraron dos décadas atrás). Lo que ya es seguro es que desde hace más de 20 años, Estados Unidos ya no es el centro neurálgico de la producción de marihuana. Ese lugar lo ocupó en su momento (y lo sigue ocupando) Holanda. La legislación tan favorable de la que goza ese país permitió que se crearan allí las primeras compañías de producción y venta de semillas y que se creara toda una cultura cannabica, (sobre todo de interior) propia que, guste o no, es una de las señas de su identidad. Pero eso es otra historia.

 

Reportaje publicado en Canna Habla

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